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14 francisco méndez - cuentos de joyabaj

Cuentos de Joyabaj
Francisco Méndez
Cuento

Méndez, Francisco. Cuentos de Joyabaj. 1988. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 414 págs. Colección Narrativa Siglo XX, serie Miguel Ángel Asturias, No. 3. Rústica.

Agotado. Ejemplar único de consulta en Editorial Cultura.











Francisco Méndez

Nació en El Quiché, en 1907. Dedicó la mayor parte de su vida al periodismo. Fue jefe de redacción del periódico El Imparcial. Fundador de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG). Entre otros, publicó los libros de poesía Los dedos en el barro (Ed. Mínima, 1935), Romances de tierra verde (con Antonio Morales Nadler, Tipografía América, 1938), Seis nocturnos (1951; Óscar de León Palacios 1988); y el libro de cuentos Cuentos (con Raúl Carillo Meza, Dirección General de Bellas Artes, 1957). Póstumamente se publicaron Poesía de Francisco Méndez (Ed. Universitaria, 1975) y Cuentos de Joyabaj (Dirección General de Bellas Artes, 1984; Ed. Cultura 1988 y 2007). En 2012, en el cincuentenario de su muerte, se publican las selecciones de su obra Papeles recobrados (Alfagura) y Átomos de luz y tierra: obra poética (1929-1962) (Tipografía Nacional).
Sobre «Cuentos de Joyabaj»

Poeta y cuentista, Francisco Méndez no escapa de estas dos vertientes, los cuales le dieron el mágico poder para penetrar en el alma del indígena y en la de quienes le hemos leído. Esas dos vertiente fueron las que le ayudaron a captar, en toda su dimensión, las peculiaridades que rodearon su ámbito natal y por ello, en sus cuentos nos introduce en su mundo, un mundo lleno de árboles, montañas y ríos, de ranchos de paja, de pequeños y grandes animales, de calor y de frío. [...] Méndez nos cuenta con el habla del lugar, con su singular nativismo, sucesos que sólo pueden enmarcarse dentro de un ámbito específico: Joyabaj y sus alrededores.

—Enrique Rafael Hernández Herrera, en el primer estudio introductorio de la edición.

Casi nos atreveríamos a decir que lo singular y representativo del relato de Méndez reside —precisamente— en la cabal captación de un determinando ámbito, dentro del cual se incluyen sucesos y personas que no se explican sin los condicionamientos e influjos recíprocos entre ambiente y hombre.

[...] El habla de Méndez no escapa a la preocupación por el estilo embellecido, en donde la palabra luzca como vehículo inteligentemente empleado en la forma de imágenes, adjetivizaciones, metáforas, etc.

[...] Estamos, pues, ante uno de los narradores más importantes de Guatemala, y uno de los pioneros en la incorporación dentro de las tendencias renovadoras del relato contemporáneo. De la generación de 1930 cabe decir que encuentra en Samayoa Chinchilla, Méndez y Monteforte tres exponentes de primer orden en la narrativa hispanoamericana.

—Francisco Albizúrez Palma, en el segundo estudio introductorio de la edición.


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La obsidiana, el ocote y la jícara (fragmento)

Fue un hallazgo extraordinario el de aquella veta de obsidiana. Escarbábamos con un machete en el matorral, en busca de coyotillos – tubérculos de una yerba silvestre, parecidos en el sabor y en la presencia, a la almendra del coyol – cuando la punta del acero chocó contra una cosa durísima, que no sólo cedió sino melló el filo de la hoja.

Tebalán nos observaba. Luego vino a buscar con los dedos entre la tierra removida y a poco sacó un trozo de obsidiana del suelo. En cuanto le quitó el barro y lo limpió en el agua, pudimos ver que se trataba de un bello pedernal como de vidrio oscurísimo, poliédrico, con apagados reflejos de acero. Las manos de Tebalán siguieron extrayendo trozos de diversos tamaños y figuras, siempre en facetas lisas.

—Es el chay—abaj— nos informó pasado un momento—. Aquí taparon el camino pa´l Xibalbá, por eso hay chay—abaj; por eso es.

Nosotros ya conocíamos el pedernal, pero en fragmentos pequeños y no en tal cantidad. Las gentes, cuando se topaban en las goteras o en cualquier parte con una esquirla de obsidiana, decían que era “el chay” o la “piedra del rayo”. Se entendía que esos fragmentos eran los que se desprendían ardiendo del cielo cuando caía la centella; el lugar en que uno se topaba con la esquirla era, indudablemente, el tocado por el rayo al tocar el suelo.

—Son tus mentiras— increpamos a Xuan Ralios Tebalán, pues presentíamos que estaba tratando de engatusarnos—: esa piedra se llama chaye y es la piedra del rayo.

—¡Porque sos ladino, decís eso, patrón! El chay—abaj así llamado, es la piedra del rayo, eso lo miramos los naturales y lo miran los ladinos; pero sólo los naturales miramos que ´onde hay chay—abaj y ha caído el rayo, es que se tapó el camino pa´l Xibalbá. A los naturales, verdaderamente, nos da miedo cuando cae el rayo y se entierra el chay—abaj en la tierra y se tapa´l camino de Xibalbá; verdaderamente que nos da miedo, porque cuando se tapa´l camino a Xibalbá, quiere decir que los naturales están pecando, patrón.

—¡En pecado! ¿En pecado?

—¡Quién sabe, patrón! Cuando el natural le pega con el machete al natural y lo mata, entonces sí se muere el natural y es gran pecado; y al natural que le pegó con el machete al natural pa´matarlo y lo mata, se le cae la cabeza, se le pone grandota la cabeza, se le queda la cabeza hueca, patrón; la cabeza se le vuelve jícara. Las jícaras son cabezas de naturales que mataron a naturales, verdaderamente, que ansina es.

—¡Las jícaras son cabezas! –Y el horro subía como agua helada por nuestras espaldas.

—Cuando el Tata lo mira que el natural mató al natural, se pone bravo, agarra la raja de chaj –ocote— y prende el rayo allá arriba. El chaj se vuelve tizón cuando lo agarra el Tata, porque adentro del chaj´stá el fuego; entonces el Tata prende su cuete, prende su rayo allá arriba y lo tira, tira el chay—abaj prendiendo y se tapa´l camino del Xibalbá. Da miedo, verdaderamente, cuando la Tata tiene su chaj y lo tira pa´l suelo.

—¿Y por qué Dios sólo tiene una raja de ocote para encender el fuego? ¿No tiene candelas Dios? ¿Por qúe no tiene fósforos?— Sólo los ladinos miran que el Tata tiene candela y tiene fósforos. Patrón; nosotros los naturales miramos que el Tata tiene su chaj, su raja de ocote colorado, El chaj es el fuego, patrón.

—¡El ocote es el fuego! Puras mentiras tuyas, Xuan. Ni que no conociéramos el ocote; lo sacan del pino y en la casa tenemos muchas rajas. Hemos visto cuando la cocinera coge los fósforos para encender la rajita de ocote y con la rajita prende después la leña.

—Chaj es el fuego. Como sos ladino mirás que la cocinera prende el fósforo, pero no mirás que el palo del fósforo es rajita de ocote y por esto tiene el fuego adentro. Contimás que el chaj es colorado, porque tiene el fuego adentro. En la raja del chaj´stá dormidito el fuego, pero eso no lo miran los ladinos. Da miedo mirar el fuego dormidito entre la raja del ocote, verdaderamente.

[¡léalo completo en este blog!]
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13 rafael arévalo martínez - la oficina de paz de orolandia

La oficina de paz de orolandia
Rafael Arévalo Martínez
Novela

Arévalo Martínez, Rafael. La oficina de paz de orolandia. 1988. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 196 págs. Colección Narrativa Siglo XX, serie Miguel Ángel Asturias, No. 2. Rústica.

Agotado. Ejemplar único de consulta en Editorial Cultura.










Rafael Arévalo Martínez

Nació en Guatemala, en 1984. Escritor. Fundó junto a Francisco Fernández Hall la revista Juan Chapín, en 1913, que se constituyó en el órgano principal de la Generación de 1910 ó Generación del Cometa. Elegido miembro de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua Española en 1921. Director durante varios años de la Biblioteca Nacional de Guatemala. Delegado ante la Unión Panamericana (entre predecesor a la Organización de Estados Americanos) desde 1946. Su obra es amplia y abarca todos los géneros literarios de su época, destacando los libros de poesía Maya (Sánchez & de Guise, 1911), Las rosas de Engaddi (Biblioteca Revolución, Costa Rica, 1918), Llama (y el Rubén poseído por el Deus) (Ed. Librería Renacimiento, 1934), Por un caminito así (Unión Tipográfica, 1947), Poemas, 1909-1959 (Ed. Landívar, 1958); los volúmenes de cuentos El hombre que parecía un caballo (Tipografía Arte Nuevo, 1915; Imprenta Electra, 1920; Editorial Universitaria, 1951, con una nueva versión), La signatura de le esfinge (Sánchez & de Guise, 1993), Crátilo y otros cuentos (Ed. Universitaria, 1968); las novelas Una vida (Imprenta Electra, 1914), La oficina de paz de Orolandia (Sánchez & de Guise, 1925; Ed. Landívar, 1920, ampliada y corregida; Ed. Cultura, 1988), Noches en el palacio de la Nunciatura (Sánchez & de Guise, 1927; Ed. Cultura, 1988) Hondura (Ed. José Pineda Ibarra, 1959), El embajador de Torlandia (Ed. Landívar, 1960); las biografías Ecce Pericles! (Tipografía Nacional, 1942; 4ta. edición 2010) y Ubico (Tipografía Nacional, 1984); las obras de teatro Los duques de Endor (Centro Editorial, 1940), El hijo pródigo (Ed. Universitaria, 1956); y los ensayos La influencia de España en la formación de la nacionalidad centroamericana (Tipografía Nacional, 1943), Nietzsche el conquistador, la doctrina que engendró la segunda guerra mundial (Sánchez & de Guise, 1943) y Concepción del cosmos (Ed. Universitaria, 1950). Sobre su obra, Editorial Cultura publicó El pacto autobiográfico en la obra de Rafael Arévalo Martínez del escritor y crítico literario Francisco Nájera. Falleció en Guatemala en 1975.
Sobre «La oficina de paz de orolandia»

En [La oficina de paz de orolandia] se debate la posible anexión de Orolandia (Centroamérica o Guatemala) a los Estados Unidos. Como es lo usual, es parte de la premisa de que los hispanoamericanos constituyen una raza inferior y que los yanquis son la civilización y el progreso. Precisamente, en esta novela Arévalo Martínez se complace en presentar y satiriza, no sin secreta amargura, el síndrome de inferioridad característica del latinoamericano frente a Norteamérica. [...] El hilo argumental de la novela es muy simple y se subordina a las intenciones satíricas del autor. En general, se narran, en tercera persona, las pericias de Félix Buendía en la Oficina de Paz. El relato adquiere una estructura episódica y cada uno de los episodios contribuye a revelar diversos aspectos de esta institución diplomática.

—Ramón Luis Acevedo, en estudio introductorio de la edición.

Precisamente por su actitud moderada y su tono satírico, este libro supera a otras muchas novelas anti-imperialistas que se echan a perder por el apasionamiento. Aquí refieren los hechos o se alude a ellos sin ningún odio al yanqui...

—Seymour Menton, en Historia crítica de la novela guatemalteca.


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III. Como se hincha un perro.

Después de este calvario de Buendía de tocar a la puerta de los cinco honorables, con la cruz de una petición y de muchas buenas maneras, a cuestas, nuestro héroe esperó. Cuando llegó la hora y acudió a la Oficina de Paz, a saber la resolución de su demanda, en la hermosa sala de la secretaría, el secretario, un hombre de verdadero genio artístico, el mejor prosista de Orolandia, muy bueno amigo suyo, persona simpatiquísima, lo recibió, sonriente:

—Buena señal— dijo para sí Félix.

Lo era. El secretario Juan González Parra, le leyó el punto de acta de la última sesión, en que se le declaraba incorporado a la Oficina, con el puesto de colaborador de su revista, con la obligación de escribir un artículo de carácter serio y científico, cada tres meses, y con el sueldo mensual de veinte dólares, es decir, sesenta dólares por artículo.

—¡Gloria a Dios en las altura y a la muy munífica Oficina de Paz en la tierra! —Prorrumpió Félix ante la gran noticia.

Y no os extrañéis de su efusión: veinte dólares no son nada —¡oh lectores nuestros!— para la mayoría de vosotros, gente sana y capaz, sino rica. Un par de zapatos, una comida en el Palace Hotel, se los llevan; pero para el pobre diablo de Félix Buendía, un infeliz que recorrió la órbita de su vida en círculo cerrado y muy próximo a caer en el inverecundo sablazo, del que huía con nativa horadez, aquello era un gran paliativo para sus males, sobre todo si se agregaban otras entradas en numerario, obtenidas por el método que emplean los que, como él, viven de arbitrio, como por lo general viven los poetas.

Entonces, Juan González Parra, el eximio gran escritor de Orolandia, siempre sonriendo, agregó:

—Dicen los muy honorables que le imponen la condición de no venir a la Oficina, sino para cobrar o para entregar su artículo. ¿Qué diablos le inspiraron a usted decirles que aquí buscaba una canojía? Gran delito ese de hablar con tan poco respeto en nuestra oficina. Dele gracias de que les llamó a risa. En cuanto al artículo, tenemos que hablar. La revista está ya en prensa y no tengo material. Apresúrese a traerlo. Pero por supuesto que no sea un canto a la luna, ni uno de esos versos llorones en que usted, con tan gran arte, se vive quejando de la vida. Necesitamos un artículo jugoso. ¿Asunto? Cualquiera que sea de utilidad pública para Orolandia.
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18 josé maría lópez valdizón - la vida rota

La vida rota
José María López Valdizón
Cuento

López V., José M. La vida rota. 1988. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 147 páginas. 13.5 x 20.8 cms. Rústica.

Agotado. No disponible.











José María López Valdizón

Nació en Rabinal, Baja Verapaz, en 1929. Maestro de edución primaria. Miembro fundador del grupo Saker-Ti. En 1954, tras el golpe de estado contra el gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, marchó al exilio, viviendo primero en Argentina, luego en México y Cuba. Fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Guatemala. En 1961 ganó el premio Casa de las Américas con su libro de cuentos La vida rota. Publicó la novela La sangre del maíz (Ed. Nuevo día, 1966); los libros de cuentos Sudor y protesta (Ed. José Pineda Ibarra, 1953), La carta (Ed. Unión de Escritores y Artistas de Guatemala, 1958), La vida rota (Casa de las Américas, La Habana, 1960; Revista de Guatemala, 1961; Costa-Amic, México, 1961; Ed. Cultura, 1988 y 2008); y varios ensayos y monografías. Secuestrado y asesinado en 1975 por las fuerzas contrarevolucionarias. El gobierno de Kjell Eugenio Laugerud negó su captura y asesinato.
Sobre «La vida rota»

La vida rota —publicada por primera vez en junio de 1960 en La Habana, fue ganadora en la rama de cuento del Primer Certamen Literario Hispano Americano promovido por Casa de las Américas— cuenta con el aval de escritores de talla de Alejo Carpentier, Carlos Fuentes, Miguel Otero Silva, Miguel Ángel Asturias, Lino Novás Calvo, Antonio Ortega y Virgilio Piñera, que integraron el jurado en esta edición del certamen.

Pero la trascendencia de esta obra va más allá de su calidad literaria. La vida rota es referente de una propuesta alternavida, registro no oficial de una realidad marcada por la desigualdad y la injusticia. Reflejo de un imaginario en el que personajes tan humanos —como los que cotidianamente transitan los polvorientos caminos de mi patria— conviven dialécticamente con el poder de la magia y la poesía, transgrediendo la misma muerte para hacernos llegar sus voces.

Guisela López, en la edición de Editorial Cultura de 2008.



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Mi hijo nació difunto.


No sé por qué mi hijo nació muerto. Cuando más lo deseaba vivo llegó difunto. Tal vez adivinó mi pobreza o mi pobreza lo mató. ¡Hubiera visto usted como caracoleaba antes del alumbramiento! ¡Hasta parecía retozar de sólo sentirme cerca! Con las dos manos en una oreja yo lo molestaba con caricias. Él se estremecía del gusto. Pataleaba en el vientre de mi Candelaria como si somatara el zaguán de su propia casa... Pero ya ve usted, nació muerto y su dolor es mi dolor. Por eso me embriago desde la fiesta de San Isidro. Y hasta quiero morirme. Si yo vivía por sus pataleos, y por él me hice bueno. Pregúntele a la gente que pasa por el camino real. Todos le darán razón de mí. Le dirán seguramente que Cirilo Corazón fue bueno desde chiquito, y que deseaba tener un hijo. Pero ya ve usted, mi hijo sólo murió; sólo murió sin nacer. Y esto es peor que si yo mismo hubiera muerto. Piense y verá: los hijos son retoños de la vida; a medida que se nos desgarran las ramas de la vida con los sufrimientos, necesitamos retoñar para seguir viviendo. ¡Maldición! Pero cuando se nos tronchan los retoños antes de nacernos... Véalo y piense, que no es para menos. La muerte realmente mata.

La buena de mi Candelaria lo dijo: "La muerte me está naciendo. La helada muerte me arde en llamas". La pobre no lo había imaginado. Ella sólo se reía cuando yo jugaba con nuestro hijo. Esperaba nomás parirlo para que creciera entre los ayotes. Créalo. El sol es testigo de los sueños que tejimos en el rancho oyendo el picoteo de los pájaros en los naranjales. Pero ya ve usted, la alegría no se hizo para la gente que vive sufrimiento.

El día del casamiento todo fue flores. Hasta la risa de mi Candelaria olía a jacarandas. Ella estaba tan bonita que me encendía el corazón mirarle los ojos.

—Ahora sí tendremos nuestro hijo—, le escurrí en secreto cuando salimos de la iglesia.
—Ahora sí—, me dijo ella.

Y con sus palabras sentí que me corrió la sangre igual que si yo fuera montaña, porque cuando llueve la montaña retumba de vertientes igual que retumbé yo entonces.

—Mirá vos Cirilo —me dijo Timoteo, mi tío abuelo— cuando las pepitas blancas de los ojos de la mujer son azul tierno de agua, como la Candelaria tiene las pepitas de sus ojos, entonces la mujer es pura.

Y muy cierto, en los ojos negros de mi Candelaria había dulzura de miel de abejas. Pero... ¿ahora qué? ¿Qué he de hacer ahora? ¿Acaso no mira que mi Candelaria cerró esos ojos para siempre? ¿No mira acaso que le nació la muerte y no la vida? ¿No lo ve...?

Desde entonces ya no soy bueno. El guaro me consuela el corazón, pero así soy ya malo. Ni trabajo ni duermo; sólo me quiero morir.

Por eso me embriago con la luna y con el sol, sin cerrar los ojos, para no ver lo que llevo adentro con tanto dolor... ¡Ah!, si mi hijo Damián (Damián le quería nombrar), si él hubiera nacido sería diferente. Andaríamos los dos de la mano despulgando semillas en la tierra o mirando en el cielo las blancas nubes y las nubes negras. Entonces estaría yo muerto de alegría, más vivo que nunca, pues, sobre todo, tendría esperanzas en las manos. ¡Ah! ¡Maldito sea el día en que se me acabaron las ganas de vivir! Así se lo dije a San Isidro: "¿Qué te pasó tata? ¿En qué estarías pensando que este año me trajiste lluvia de lágrimas en ves de lluvia de agua? Sabés bien que con lágrimas se siembran solamente los dolores. Sabés que con lágrimas, aunque la tierra sea dulce, nacen sólo las espinas". Es así como no quiero más a San Isidro el labrador. Puede que me equivoque. Puede también que él no tenga mucha culpa, pero ya no lo quiero más. Usted lo mismo haría. Lo sé porque la pobreza me enseñó a saber que no hay rencor tan grande como el nacido de nuestro mismo dolor. Y mi Candelaria lo supo antes de morir y también lo sé yo mismo antes de morirme: cuando la vida se pone negra, tan negra que ya no puede blanquearse ni con jabón de rosas, la desgracia a uno se lo lleva y, traicionera, lo mata. Por eso es que yo ahora soy malo, maldito, que hasta quiero morirme. Usted diga lo que quiera pero así es la vida para quien cae en desgracia de Dios...

La enfermera se inclinó sobre el paciente para tomarle el pulso.

—¿Por qué habla tanto el loquito, doctor?

El médico la miró con extrañeza, se arregló los anteojos y sonrió displicente:

—Me extraña que no lo sepa. Así son los dementes cuando recobran
su juicio..., quieren hasta morirse.

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17 rosendo santa cruz - cuando cae la noche

Cuando cae la noche
Rosendo Santa Cruz
Novela

Santa Cruz, Rosendo. Cuando cae la noche. 1988. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 90 págs. Colección Narrativa Siglo XX, serie Miguel Ángel Asturias, No. 5. Rústica.

Agotado. Ejemplar único de consulta en Editorial Cultura.










Rosendo Santa Cruz

Nació en Cobán, Alta Verapaz, en 1915. Narrador de influencia criollista. Publicó los libros de cuentos Temas de lumbre (1938) y Ramón Gallardo y otros cuentos (Tipografía Nacional, 1944); y la novela Cuando cae la noche (Tipografía Nacional, 1943 y 2001; Ed. Cultura, 1988). Falleció en 1945.
Sobre «Cuando cae la noche»

Ramiro Montenegro es el héroe de esta novela, publicada por primera vez por Tipografía Nacional en 1943. Descendiente de una familia arraigada a su tierra, luego de llevar una vida vacía y superficial en la capital, hacia donde migró con la intención de estudiar, regresa a la finca donde nació, donde deberá sufrir el pan diario de la vida rural guatemalteca de los años 30 y 40: durísimo trabajo de sol a sol, ruina económica y las permanentes luchas de poder con los prósperos inmigrantes alemanes cafetaleros de la época. De ella el crítico literario Seymour Menton dice en su Historia crítica de la novela guatemalteca (Ed. Universitaria, 1985): "Conforme a la pauta de la novela criollista, la acción de Cuando cae la noche transcurres principalmente en una región rural pero no se limita a un sólo lugar. El escenario más frecuente es una finca de café en la Alta Verapaz, pero el protagonista también actúa en el pueblo cercano de San Miguel Tucurú, en Cobán, la cabecera provinciana, en la ciudad de Guatemala y hasta en el lejano santuario de Esquipulas. [...] Cuando cae la noche queda como una de las primeras novelas criollistas de Guatemala que podría definirse como tal. La exaltación de la naturaleza, de los indios y de las costumbres pueblerina queda incorporada en la trama novelesca. la situación trágica de los finqueros guatemaltecos a partir de 1939 constituye el tema primordial del libro, pero durante los capítulos de en medio, el tema paralelo de los amores de Ramiro llega a amenazar su primacía".



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Ramiro se llegaba al pueblo con frecuencia. Iba derechamente a la fonda del chenco Hilario y procuraba con hábiles argucias ganarse la voluntad de Chusita; porque ya en la sangre sentía ásperas urgencias y su brío juvenil se sentía poderosamente excitado por su belleza tranquila y casta...

Pronto conoció allí a herr Otto, administrador de «Panzal». Era corpulento, sanguíneo, con la cuadrada cabeza pelada al rape. En la frente se destacaba la cicatriz honda de una bala... La recibió —según contaba— en la guerra del 14, en el frente infernal de Verdún. Le recogieron después de un asalto, dándole por muerto... La bala se fraccionó al herirle y le salió por cuatro agujeros abiertos en todo el cráneo. No murió, como se creía inminente... Lucho contra la muerte, con terquedad, con energía netamente germana... ¡y triunfó! Cuando se firmó el armisticio, aún estaba en el hospital de sangre, sin volver al cabal acuerdo de sus facultades mentales: no en balde la bala había pasado destrozando parte delicadas de su masa encefálica... Quedó atontado, lleno de ideas fijas y de delirios que obligaban a veces a los enfermeros a vestirle la camisa de fuerza... Un médico amigo, devoto de las modernas posibilidades de la cirugía mental, le tomó a su cargo, hizo con él atrevidas experiencias y le dejó sano; al menos, prácticamente apto para dedicarse a una vida normal... Fue entonces, y a instancias de compatriotas afincados en las fértiles tierras de Alta Verapaz, cuando vino a Guatemala, empleado por una poderosa compañía alemana dedicada a la siembra y exportación de café... Así apareció en San Miguel Tucurú su rolliza figura de germano auténtico. Quizá por causa de la remansada vida campesina, herr Otto se aficionó al San Jerónimo y llegó a considerarlo superior en todos sentidos a sus negras cervezas de Munich y a sus claros vinos del Rhin. Bebía San Chomo con constancia, con entusiasmo goloso y espléndido... Pero, cuando los vapores del alcohol llegaban a sus maltrechas nervazones cerebrales, sufría verdaderos accesos de locuras; se despertaban en él agresivos sentimientos, desviados instintos, que dormían en su subconsciente desde los tiempos lejanos de los Vikingos...

Las noches en el Palacio de la Nunciatura
Rafael Arévalo Martínez
Novela

Arévalo Martínez, Rafael. Las noches en el Palacio de la Nunciatura. 1988. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 157 págs. Colección Narrativa Siglo XX, serie Miguel Ángel Asturias, No. 1. Rústica.

Agotado. Ejemplar único de consulta en Editorial Cultura.











Rafael Arévalo Martínez

Nació en Guatemala, en 1984. Escritor. Fundó junto a Francisco Fernández Hall la revista Juan Chapín, en 1913, que se constituyó en el órgano principal de la Generación de 1910 ó Generación del Cometa. Elegido miembro de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua Española en 1921. Director durante varios años de la Biblioteca Nacional de Guatemala. Delegado ante la Unión Panamericana (entre predecesor a la Organización de Estados Americanos) desde 1946. Su obra es amplia y abarca todos los géneros literarios de su época, destacando los libros de poesía Maya (Sánchez & de Guise, 1911), Las rosas de Engaddi (Biblioteca Revolución, Costa Rica, 1918), Llama (y el Rubén poseído por el Deus) (Ed. Librería Renacimiento, 1934), Por un caminito así (Unión Tipográfica, 1947), Poemas, 1909-1959 (Ed. Landívar, 1958); los volúmenes de cuentos El hombre que parecía un caballo (Tipografía Arte Nuevo, 1915; Imprenta Electra, 1920; Editorial Universitaria, 1951, con una nueva versión), La signatura de le esfinge (Sánchez & de Guise, 1993), Crátilo y otros cuentos (Ed. Universitaria, 1968); las novelas Una vida (Imprenta Electra, 1914), La oficina de paz de Orolandia (Sánchez & de Guise, 1925; Ed. Landívar, 1920, ampliada y corregida; Ed. Cultura, 1988), Noches en el palacio de la Nunciatura (Sánchez & de Guise, 1927; Ed. Cultura, 1988) Hondura (Ed. José Pineda Ibarra, 1959), El embajador de Torlandia (Ed. Landívar, 1960); las biografías Ecce Pericles! (Tipografía Nacional, 1942; 4ta. edición 2010) y Ubico (Tipografía Nacional, 1984); las obras de teatro Los duques de Endor (Centro Editorial, 1940), El hijo pródigo (Ed. Universitaria, 1956); y los ensayos La influencia de España en la formación de la nacionalidad centroamericana (Tipografía Nacional, 1943), Nietzsche el conquistador, la doctrina que engendró la segunda guerra mundial (Sánchez & de Guise, 1943) y Concepción del cosmos (Ed. Universitaria, 1950). Sobre su obra, Editorial Cultura publicó El pacto autobiográfico en la obra de Rafael Arévalo Martínez del escritor y crítico literario Francisco Nájera. Falleció en Guatemala en 1975.
Sobre «Las noches en el Palacio de la Nunciatura»

[Esta] novela, de estructura muy poco convencional, se divide en tres partes que en apariencia guardan escasa relación entre sí. No existe un hilo argumental cuyo desarrollo de coherencia al relato. La unidad estriba en el planteamiento de una serie de problemas filosóficos-existenciales suscitados por la presencia de dos personajes grotesco —José Meruenda y el Señor Aretal— en el alama atormentada de Manuel Aldano. [...] La supresión de los usuales nexos de una trama obliga al lector a concentrarse en la dimensión psicológica abismal de los personajes, a buscar los nexos anímicos y semánticos que se van hilvanando en el relato. El diseño estructural es un rompecabezas del cual se van dando poco a poco las piezas, pero nunca se dan en su totalidad. Faltan piezas para completas el cuadro, lo cual produce una sensación inquietante que refuerza la percepción de lo grotesco y lo absurdo.

[...] La lectura de esta extraña novela, tan sabia y lúcidamente realizada, confirma y sobrepasa la afirmación de Fernando Alegría de que Arévalo Martínez, como cuentista, crea "un nexo genuino entre la novela artística de finales de siglo y la novela psicológica del siglo XX"

Ramón Luis Acevedo, en estudio introductorio de la edición.



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Manuel Aldano anotó en su memoria el regalo de frutas del general salvadoreño. Meruenda, en breves días lo había acostumbrado a la idea de que era objeto de muchos agasajos de diferente índole y hechos también por muy diferentes personas, desde el barbero de la esquina, hasta el Mandatario de Guatemala.

Un día llevó José unos jabones finísimos. —Obsequio de don Juan, el barbero. —Otro día un reloj de oro. —Obsequio del gobernante de la República. —Otro día una cartera de piel de Rusia y unos botones de oro y brillantes. —El señor Arzobispo Metropolitano se las había dado graciosamente.

A Aldano, al principio no le extrañaron mucho aquellas cuantiosas y frecuentes dádivas. ¿Que regaló el señor Arzobispo? ¡Bah, naturalmente, alguna "Salve Regina" entonada a voz en cuello con aquel timbre fresco y grato del insigne José, o un trazo de canto llano que indudablemente encantó al Príncipe de la Iglesia! ¿Que Fulano de Tal fue munaficiente para con su huésped? ¿Y quién no se sentía protector de aquel ingenuo y alegre muchachón?

Premios Certamen Permanente Centroamericano «15 de septiembre» 1987
Francisco Solares Larrave, William Lemus, Francisco Nájera
Cuento

Solares, Francisco, et al. Premios Certamen Permanente Centroamericano «15 de septiembre» 1987. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 144 páginas. 12.7 x 20.8 cms. Rústica.

Agotado. No disponible.










Francisco Solares Larrave

Nació en Guatemala en 1959. Doctor en español por la University of Illinois at Champaign-Urbana (1997), máster en literatura comparada por la University of Illinois at Champaign-Urbana (1990) y BA en letras y filosofía por la Universidad Rafael Landívar (1987). Catedrático universitario. Ha publicado los libros de cuentos Cuentos y algunas interferencias (RIN-78, 1981), La orientación de la mirada (RIN-78); la novela Tierra de por medio (Ed. Cultura, 1998); el libro de poesía Poesía: máscara reveladora (Universidad Rafael Landívar, 2000); y una notable cantidad de ensayos, entre los que destacan Crónicas, retratos y documentos: trampas a la historia en Los Nazarenos (1867), de José Milla y Vidaurre (en Ilustres autores guatemaltecos del siglo XIX y XX; Artemis Edinter, 2004) y Luz Valle (en Dictionary of Literary Biography: Modern Spanish American Poets. Second Series. Vol. 290; Bruccoli Clark Layman Ed, 2004).

William Lemus

Nació en Monjas, Jalapa, en 1950. Médico cirujano y catedrático universitario. Máster de Teatro en los Juegos Florales de Quetzaltenango de 1982. Multipremiado en el Certamen Permanente Centroamericano «15 de septiembre» (1982, 1986, 1987, 1988). Premio Internacional del Círculo de Poetas Iberoamericanos de Nueva York (1988) y ganador del Premio de Narrativa del Grupo Independiente de Artes y Letras de Uruguay (1997). Honrado en 1995 por la Societá Dante Alhiguieri por sus aportes a la literatura contemporánea. Entre su gran número de obras, destacan los libros de poesía Variaciones de la muerte de un caballo (Ed. de autor, 1985), Poemas hechos a mano (1985), Antojadía personal en desorden (Ed. Cultura, 1986), Una carta imaginaria de un hombre imaginario en el lecho marinero de la playa (Ed. Cultura, 1987); las novelas La vida de un pueblo muerto (Premio Centroamericano de Novela Froylán Turcios; Tipografía Nacional, 1985), Cayuga (1988), El mundo secreto de Wanda (1997); las colecciones de cuentos Octubre es un pueblo (1987) y Desnudos en el espejo (Artemis Edinter, 1996), las obras de teatro El gran Tití - El abuelo más lindo del mundo (Ed. Cultura, 1982), Frente al Palacio Nacional (1993), En el pueblo de Tierra Calva, donde se extinguieron los mamuts y los dinosaurios (1998) y Pánico en la cocina (Fondo de Cultura Econónica, 2003). Escribió el ensayo Psicoanálisis de El hombre que parecía un caballo (Ed Cultura, 1990). Falleció en Guatemala en 2008.

Francisco Nájera

Nació en Guatemala, en 1945. Obtuvo el doctorado en letras con una tesis sobre Rafael Arévalo Martínez. Labora en educación pública en la ciudad de New York. La mayor par de su bastísima obra se publica en tirajes mínimos de autor que van desde fotocopias, libros y libros-objeto. Entre sus libros destacan los libros de poesía Con la libertad del amor (1987), Canto de María (1989), Sujeto de la letra a (1991), Espejo de gran placer (1995), La lotería de latón (1998), Libro de la historia universal (2000), Cantata a la luz de unos ojos (2006), Un nunca y ciego gozo (2011); los libros de narrativa Carne de seres que al encontrarse pierden la razón (1987), El sueño de Dios (1988), Juan, hijo de maría (2009); y el libro objeto Porno/Grafía de su febril silencio (1999).




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09 francisco morales santos - al pie de la letra

Al pie de la letra
Francisco Morales Santos
Poesía

Morales Santos, Francisco. Al pie de la letra. 1987. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 64 páginas. 13.5 x 20.8 cms. Rústica.

Agotado. No disponible.











Francisco Morales Santos

Nació en Ciudad Vieja, Sacatepéquez, en 1940. Premio Nacional de Literatura Miguel Angel Asturias en 1998. Premio único de poesía en los Juegos Florales Centroamericanos de Quezaltenango en 1978. Entre su basta obra destacan los libros de poesía Germinación de la luz (Ed. Landívar, 1966), Tenebrario (1969), Cartas para seguir con vida (1978), Al pie de la letra (Ed. Cultura, 1987) Madre, nosotros también somos historia (Ed. Universitaria, 1990), Ceremonial contra el olvido (Artemis Edinter, 1995), Asalto al cielo (Ed. Cultura, 1997), Oh, líquida memoria (Óscar de León Palacios, 1999), Escrito sobre fondo oscuro (Magna Terra, 2001), Tejido de sueños (Magna Terra, 2006); sus libros infantiles Tío Conejo y Tío Coyote (Ed. Piedra Santa, 1984), Poemas escogidos para niños (Ed. Piedra Santa, 1987), Ajonjolí (Norma, 1997), Árbol de pájaros (Norma, 2006), Estampas del Popol Vuh (Norma, 2006); y como compilador de las antologías Los nombres que nos nombran: panorama de la poesía guatemalteca, de 1782 a 1982 (Tipografía Nacional, 1982; reedición y ampliación a 2007 de Magna Terra, 2010), Nosotros, los de entonces (Nuevo Signo, 1993) y Luis Cardoza y Aragón para jóvenes (Editorial Cultura, 2006). Actualmente director de Editorial Cultura.
Sobre «Al pie de la letra»

Una lectura inicial de Al pie de la letra, poemario con el que Francisco Morales Santos rompe once años de silencio editorial, recupera dos impresiones básicas de distinto orden. En primer término, la conciencia de la edad que la presencia ineludible del tiempo sentencia. En segundo lugar, un equilibrio poéticamente muy bien medido entre imagen y coyuntura.

Al pie de letra constituye un poemario orgánico, coherente, en el cual las secciones y los poemas que lo integran obedecen a una verdadera concepción de libro de poesía y no son, como sucede con tanta frecuencia, un grupo de poemas encerrados entre dos tapas de cartón. La misma voluntad de coherencia, sin embargo, cae por momentos en el exceso: hay poemas cuyos versos finales parecen ser, más que un dictado del auténtico impulso poético, una urgencia por redondear la idea, con lo cual, lamentablemente, la ambigüedad sostenida se quiebra y se vanaliza. Pero aún esta crítica podría encontrar en el yo poético de Morales Santos su justificación como un intento de resistirse a la desintegración del tiempo, de ir Al pie de la letra sirviendo a la realidad y al servicio de la Poesía.

Eduardo Gargurevich [leer completo aquí]



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06 william lemus - antojadía personal en desorden

Antojadía personal en desorden
William Lemus
Poesía

Lemus, William. Antojadía personal en desorden. 1987. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 56 páginas. 15.5 x 20.8 cms. Rústica.

Agotado. No disponible.










William Lemus

Nació en Monjas, Jalapa, en 1950. Médico cirujano y catedrático universitario. Máster de Teatro en los Juegos Florales de Quetzaltenango de 1982. Multipremiado en el Certamen Permanente Centroamericano «15 de septiembre» (1982, 1986, 1987, 1988). Premio Internacional del Círculo de Poetas Iberoamericanos de Nueva York (1988) y ganador del Premio de Narrativa del Grupo Independiente de Artes y Letras de Uruguay (1997). Honrado en 1995 por la Societá Dante Alhiguieri por sus aportes a la literatura contemporánea. Entre su gran número de obras, destacan los libros de poesía Variaciones de la muerte de un caballo (Ed. de autor, 1985), Poemas hechos a mano (1985), Antojadía personal en desorden Guatemala (Ed. Cultura, 1986), Una carta imaginaria de un hombre imaginario en el lecho marinero de la playa (Ed. Cultura, 1987); las novelas La vida de un pueblo muerto (Premio Centroamericano de Novela Froylán Turcios; Tipografía Nacional, 1985), Cayuga (1988), El mundo secreto de Wanda (1997); las colecciones de cuentos Octubre es un pueblo (1987) y Desnudos en el espejo (Artemis Edinter, 1996), las obras de teatro El gran Tití - El abuelo más lindo del mundo (Ed. Cultura, 1982), Frente al Palacio Nacional (1993), En el pueblo de Tierra Calva, donde se extinguieron los mamuts y los dinosaurios (1998) y Pánico en la cocina (Fondo de Cultura Econónica, 2003). Escribió el ensayo Psicoanálisis de El hombre que parecía un caballo (Ed Cultura, 1990). Falleció en Guatemala en 2008.




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Una carta imaginaria a un hombre imaginario en el lecho marinero de la playa
William Lemus
Poesía

Lemus, William. Una carta imaginaria a un hombre imaginario en el lecho marinero de la playa. 1987. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 78 páginas. 15.5 x 20.8 cms. Rústica.

Agotado. Ejemplar único de consulta en Editorial Cultura.










William Lemus

Nació en Monjas, Jalapa, en 1950. Médico cirujano y catedrático universitario. Máster de Teatro en los Juegos Florales de Quetzaltenango de 1982. Multipremiado en el Certamen Permanente Centroamericano «15 de septiembre» (1982, 1986, 1987, 1988). Premio Internacional del Círculo de Poetas Iberoamericanos de Nueva York (1988) y ganador del Premio de Narrativa del Grupo Independiente de Artes y Letras de Uruguay (1997). Honrado en 1995 por la Societá Dante Alhiguieri por sus aportes a la literatura contemporánea. Entre su gran número de obras, destacan los libros de poesía Variaciones de la muerte de un caballo (Ed. de autor, 1985), Poemas hechos a mano (1985), Antojadía personal en desorde Guatemala (Ed. Cultura, 1986), Una carta imaginaria de un hombre imaginario en el lecho marinero de la playa (Ed. Cultura, 1987); las novelas La vida de un pueblo muerto (Premio Centroamericano de Novela Froylán Turcios; Tipografía Nacional, 1985), Cayuga (1988), El mundo secreto de Wanda (1997); las colecciones de cuentos Octubre es un pueblo (1987) y Desnudos en el espejo (Artemis Edinter, 1996), las obras de teatro El gran Tití - El abuelo más lindo del mundo (Ed. Cultura, 1982), Frente al Palacio Nacional (1993), En el pueblo de Tierra Calva, donde se extinguieron los mamuts y los dinosaurios (1998) y Pánico en la cocina (Fondo de Cultura Econónica, 2003). Escribió el ensayo Psicoanálisis de El hombre que parecía un caballo (Ed Cultura, 1990). Falleció en Guatemala en 2008.

Sobre «Una carta imaginaria a un hombre imaginario en el lecho marinero de la playa»

El conjunto de poemas que constituye Una carta imaginaria a un hombre imaginario en el lecho marinero de la playa obtuvo el premio de la tercera edición del Certamen Permanente Centroamericano «15 de septiembre» en 1986. El jurado estuvo conformado por Ana María Urruela de Quezada, Gervasio Acomazi y Amable Sánchez.



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ESTAMOS SUMERGIDOS

Estamos sumergidos más allá de los rencores
de las promesas
y la niebla de los años bisiestos,
más allá del encuentro
circular del tiempo
con una piedra
escrita con cinceles y fechas
y palabras
en un idioma
que de ser nuestro
se volvió lejano,
jeroglífico
en los rituales del pasado.
Así está también el mañana
con su paso inseguro
tambaleante
pero inevitable.
Y otra vez todo está oscuro,
la lluvia
con sus lenguas torrenciales
y los árboles
soportando en el patio
de pie,
cada segundo,
cada movimiento insignificante
en el diario vivir de la Patria
con sus calles que guardan
la virtud de las marchas
que pasan pisoteándolas...
Posted by Editorial Cultura Posted on 13:35 | No comments

05 rafael gutiérrez - sin amor ni libertad, jamás

Sin amor ni libertad, jamás
Rafael Gutiérrez
Poesía

Gutiérrez, Rafael. Sin amor ni libertad, jamás. 1987. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 82 páginas. 13.5 x 20.8 cms. Rústica.

Agotado. No disponible.