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13 rafael arévalo martínez - la oficina de paz de orolandia

La oficina de paz de orolandia
Rafael Arévalo Martínez
Novela

Arévalo Martínez, Rafael. La oficina de paz de orolandia. 1988. Guatemala: Ministerio de cultura y deportes, Editorial Cultura. 196 págs. Colección Narrativa Siglo XX, serie Miguel Ángel Asturias, No. 2. Rústica.

Agotado. Ejemplar único de consulta en Editorial Cultura.










Rafael Arévalo Martínez

Nació en Guatemala, en 1984. Escritor. Fundó junto a Francisco Fernández Hall la revista Juan Chapín, en 1913, que se constituyó en el órgano principal de la Generación de 1910 ó Generación del Cometa. Elegido miembro de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua Española en 1921. Director durante varios años de la Biblioteca Nacional de Guatemala. Delegado ante la Unión Panamericana (entre predecesor a la Organización de Estados Americanos) desde 1946. Su obra es amplia y abarca todos los géneros literarios de su época, destacando los libros de poesía Maya (Sánchez & de Guise, 1911), Las rosas de Engaddi (Biblioteca Revolución, Costa Rica, 1918), Llama (y el Rubén poseído por el Deus) (Ed. Librería Renacimiento, 1934), Por un caminito así (Unión Tipográfica, 1947), Poemas, 1909-1959 (Ed. Landívar, 1958); los volúmenes de cuentos El hombre que parecía un caballo (Tipografía Arte Nuevo, 1915; Imprenta Electra, 1920; Editorial Universitaria, 1951, con una nueva versión), La signatura de le esfinge (Sánchez & de Guise, 1993), Crátilo y otros cuentos (Ed. Universitaria, 1968); las novelas Una vida (Imprenta Electra, 1914), La oficina de paz de Orolandia (Sánchez & de Guise, 1925; Ed. Landívar, 1920, ampliada y corregida; Ed. Cultura, 1988), Noches en el palacio de la Nunciatura (Sánchez & de Guise, 1927; Ed. Cultura, 1988) Hondura (Ed. José Pineda Ibarra, 1959), El embajador de Torlandia (Ed. Landívar, 1960); las biografías Ecce Pericles! (Tipografía Nacional, 1942; 4ta. edición 2010) y Ubico (Tipografía Nacional, 1984); las obras de teatro Los duques de Endor (Centro Editorial, 1940), El hijo pródigo (Ed. Universitaria, 1956); y los ensayos La influencia de España en la formación de la nacionalidad centroamericana (Tipografía Nacional, 1943), Nietzsche el conquistador, la doctrina que engendró la segunda guerra mundial (Sánchez & de Guise, 1943) y Concepción del cosmos (Ed. Universitaria, 1950). Sobre su obra, Editorial Cultura publicó El pacto autobiográfico en la obra de Rafael Arévalo Martínez del escritor y crítico literario Francisco Nájera. Falleció en Guatemala en 1975.
Sobre «La oficina de paz de orolandia»

En [La oficina de paz de orolandia] se debate la posible anexión de Orolandia (Centroamérica o Guatemala) a los Estados Unidos. Como es lo usual, es parte de la premisa de que los hispanoamericanos constituyen una raza inferior y que los yanquis son la civilización y el progreso. Precisamente, en esta novela Arévalo Martínez se complace en presentar y satiriza, no sin secreta amargura, el síndrome de inferioridad característica del latinoamericano frente a Norteamérica. [...] El hilo argumental de la novela es muy simple y se subordina a las intenciones satíricas del autor. En general, se narran, en tercera persona, las pericias de Félix Buendía en la Oficina de Paz. El relato adquiere una estructura episódica y cada uno de los episodios contribuye a revelar diversos aspectos de esta institución diplomática.

—Ramón Luis Acevedo, en estudio introductorio de la edición.

Precisamente por su actitud moderada y su tono satírico, este libro supera a otras muchas novelas anti-imperialistas que se echan a perder por el apasionamiento. Aquí refieren los hechos o se alude a ellos sin ningún odio al yanqui...

—Seymour Menton, en Historia crítica de la novela guatemalteca.


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III. Como se hincha un perro.

Después de este calvario de Buendía de tocar a la puerta de los cinco honorables, con la cruz de una petición y de muchas buenas maneras, a cuestas, nuestro héroe esperó. Cuando llegó la hora y acudió a la Oficina de Paz, a saber la resolución de su demanda, en la hermosa sala de la secretaría, el secretario, un hombre de verdadero genio artístico, el mejor prosista de Orolandia, muy bueno amigo suyo, persona simpatiquísima, lo recibió, sonriente:

—Buena señal— dijo para sí Félix.

Lo era. El secretario Juan González Parra, le leyó el punto de acta de la última sesión, en que se le declaraba incorporado a la Oficina, con el puesto de colaborador de su revista, con la obligación de escribir un artículo de carácter serio y científico, cada tres meses, y con el sueldo mensual de veinte dólares, es decir, sesenta dólares por artículo.

—¡Gloria a Dios en las altura y a la muy munífica Oficina de Paz en la tierra! —Prorrumpió Félix ante la gran noticia.

Y no os extrañéis de su efusión: veinte dólares no son nada —¡oh lectores nuestros!— para la mayoría de vosotros, gente sana y capaz, sino rica. Un par de zapatos, una comida en el Palace Hotel, se los llevan; pero para el pobre diablo de Félix Buendía, un infeliz que recorrió la órbita de su vida en círculo cerrado y muy próximo a caer en el inverecundo sablazo, del que huía con nativa horadez, aquello era un gran paliativo para sus males, sobre todo si se agregaban otras entradas en numerario, obtenidas por el método que emplean los que, como él, viven de arbitrio, como por lo general viven los poetas.

Entonces, Juan González Parra, el eximio gran escritor de Orolandia, siempre sonriendo, agregó:

—Dicen los muy honorables que le imponen la condición de no venir a la Oficina, sino para cobrar o para entregar su artículo. ¿Qué diablos le inspiraron a usted decirles que aquí buscaba una canojía? Gran delito ese de hablar con tan poco respeto en nuestra oficina. Dele gracias de que les llamó a risa. En cuanto al artículo, tenemos que hablar. La revista está ya en prensa y no tengo material. Apresúrese a traerlo. Pero por supuesto que no sea un canto a la luna, ni uno de esos versos llorones en que usted, con tan gran arte, se vive quejando de la vida. Necesitamos un artículo jugoso. ¿Asunto? Cualquiera que sea de utilidad pública para Orolandia.
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